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Cristóbal Noboa y su legado con el Escarabajo: una historia de pasión y mecánica

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Amanda Baquero, MotorTerra 

 

El Volkswagen Escarabajo dejó huellas en millones de personas, más que una máquina para movilizarse hoy es un baúl de memorias. Muchos recuerdan con cariño este vehículo que construyó experiencias y circula por las calles del Ecuador desde la década de los cincuenta hasta ahora.

El icónico Volkswagen de los mil apodos (Volkswagen Tipo 1, Beetle, Pichirilo, Vocho, Escarabajo) cautivó a miles de personas por su manejo fácil, su tamaño compacto y su accesibilidad económica. Este vehículo es la materialización de un deseo de Adolf Hitler. En 1934, Hitler encargó a Ferdinand Porsche la creación de un automóvil que pudiera unificar a la nación: un coche para el pueblo, inspirado en la naturaleza. Por ello, cada 22 de junio se conmemora el Día Internacional del Volkswagen Escarabajo, fecha en la que Adolf Hitler (a través de la Asociación de la Industria Alemana del Automóvil) y Ferdinand Porsche firmaron el contrato para la producción de este vehículo.

El VW Escarabajo fue un éxito mundial en la industria automotriz. Desde su introducción, se fabricaron un total de 21.529.464 unidades hasta el año 2003. En Ecuador, este vehículo también tuvo un impacto significativo en el mercado. Según la Asociación de Empresas Automotrices del Ecuador (Aeade), se encuentran matriculadas en la actualidad 7.490 unidades que se vendieron entre 1950 y 1990.

En las calles de Quito, el desfile incesante de los icónicos ‘Vochos’ tejía una trama de color y emoción grabada en la memoria. Había tantos que incluso fueron protagonistas de juegos infantiles. Era casi una tradición jugar al clásico Pichirilo ¿qué color? Nuestros ojos se convertían en detectives de carreteras, buscando entre todos los carros, un modelo en particular: el Escarabajo. Con la misma diversidad de colores del arcoíris, estos vehículos rodaban en masa. Los Pichirilos eran los protagonistas de aventuras cotidianas, los catalizadores de juegos y risas, y los hilos invisibles con los cuales se unían a los niños de la ciudad en una travesía compartida. 

Este vehículo también impulsó a profesionales a forjar una carrera en su cuidado. La primera vez que Cristóbal Noboa, un apasionado de los Pichirilos, vio uno de estos vehículos fue en el escaparate de su abuela. Allí mostraba sus objetos más preciados. En medio de todo, había un Vocho, de color plomo mate. Tenía cuatro años y cuando la visitaba buscaba ese pequeño vehículo que cautivó su corazón. Esa conexión, marcó el punto de partida de un viaje apasionante en el mundo de los Escarabajos en la década de los sesenta.

Vocho plomo de la abuela de Cristóbal que él conserva hasta la actualidad.

El legado de los Escarabajos

La vida de Cristóbal estuvo entrelazada con los Beetle. Primero tuvo su historia con su abuela; luego con su padre, cuando él condujo un Volkswagen Tipo 1 de origen alemán; después, cuando ya compró uno propio.

En 1973, Cristóbal adquirió su primer vehículo, un Escarabajo de origen mexicano, con el que vivió aventuras juveniles. Más tarde, se hizo de un Pichirilo de origen alemán, testigo de su desarrollo profesional como ingeniero mecánico. En ese tiempo, aprovechó al máximo el aprendizaje de los mecánicos especializados de Volkswagen.

Los estudios, la experiencia y la pasión le llevaron a montar su propio taller: Nobocar. Ese es su santuario desde hace más de 34 años, allí en la Av. Manta y Los Girasoles en Cotocollao, vestido con su overol negro reconstruye, repara y realiza los mantenimientos a todo tipo de vehículos, pero realmente disfruta del trabajo en los Escarabajos. 

Cada Escarabajo tiene esencia propia. Ser amante de un clásico es sentir lo mismo que un dueño que se va de aquí: feliz con su Vochito, bien puesto. Es una parte sentimental, romántica de mantenerlos funcionando y con el honor que se merecen.

Cristóbal Noboa, ingeniero mecánico

Ernie

A lo largo de estos años, Cristóbal ha dedicado tiempo y recursos a Ernie, un escarabajo inglés que llegó a su vida en 1997. Este vehículo se transformó en un símbolo sentimental, acompañándolo por 27 años, desde los días en que sus hijos aún eran pequeños. En torno a Ernie, Cristóbal cultivó sus habilidades como arquitecto de conexiones, tejiendo recuerdos y experiencias a lo largo del camino.

Con una sonrisa radiante, Cristóbal relata cómo sus hijos se acomodaban en los asientos traseros, asomando sus curiosas cabezas por el techo corredizo del vocho. “Mis chiquitos iban aquí, de arriba a abajo”, recuerda con nostalgia.

Junto a apasionados de los Escarabajos forjó dos clubes en Quito. En estos espacios se reunían varios entusiastas, algunos dedicados a la venta de repuestos como su amigo Luis Astudillo, y unos pocos más que se especializaban en trabajos de reparación. A través de esta red, el mantenimiento y cuidado de estos vehículos la tarea se volvió amena, sostenida por la cooperación y el compromiso compartido.

Cada jueves, Cristóbal se reunía con algunos de los miembros de los clubes en la Av. de los Shyris. Estacionaban sus Escarabajos en fila y repartían hojas volantes, invitando a las personas a conocer el Catso Club. Alguna vez se juntaron 86 Vochos. Participaban en piques, corrían en la pista de Yahuarcocha, todo para divertir a los asistentes.

Siempre lo acompañaba su hijo Francisco.

El compañero de Cristóbal, Ernie. 

Techo corredizo de Ernie por el cual los hijos de Cristóbal disfrutaban sus viajes.

Gráfica del Performance Club Quito en la ventanilla de Ernie. 

Piloto Francisco Noboa, quien ha seguido el legado de su padre Cristóbal.

Entusiastas estacionados en el Parque Equinoccial. Fotografía tomada del Performance Club Quito.

Una parte de la colección de vehículos a escala de la familia Noboa. 

La pasión se hereda

Francisco siguió el amor por los Pichirilos. En 2021, fundó el Performance Club Quito con un grupo de amigos y su padre como socio. A través de una red social invitó a quienes estaban interesados en subir el rendimiento de sus Vochos y salir a rodar.

Francisco de 28 años y piloto de profesión heredó la pasión de su padre por la mecánica. Su interés radicó en las modificaciones de los escarabajos. Cuando compró su primer vehículo, un Escarabajo alemán de 1970, recurrió a Cristóbal. 

Cada vez que tenía dinero, invertía en su auto. Repararon el motor, le cambiaron los faros, la dirección, los asientos. Con ayuda de un amigo, exportaron aros de Porsche para su vehículo. Realizaron mejoras con características parecidas o superiores a los autos actuales.

Así, juntos restauran y revitalizan las memorias. Para los dos, el Escarabajo es un vínculo especial, un recuerdo que perdura aún con el paso de los años. 

Las emociones que evocan estos Vochos son profundas. La abuela de Cristóbal sigue presente cada día a través de su colección de autos a escala, que incluye 15 vehículos escarabajos entre un total de 500 autos. Para Cristóbal, esta pasión por los autos no es solo un pasatiempo, sino un legado tangible que transmite a sus hijos, perpetuando así los recuerdos y la historia familiar.

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